Amb Pilar

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#paleyale

Querida Pilar, ¡no sabes la ilusión que me ha hecho tu blog! Ojalá encuentres tiempo para mantenerlo y para ir dando alimento al personal. Fíjate que la filóloga hispánica en esta carta soy yo y, desde que te conozco, soy un poquito más consciente de mis limitaciones con el idioma y de la cantidad de cosas que debería saber y que tal vez una vez supe, pero al decantarme por la especialidad de literatura olvidé requetebién olvidadas. Así que esa Atutía para textos va a ser más que necesaria. Además de entretenida, claro, no voy a  hacer de spoiler pero vaya si hay tu tía en la primera entrada de tu blog. Me vienes estupenda además para hablarte de una pequeña resistencia lingüística que estoy desarrollando desde que llegué a New Haven. Según el día, lo que me apetezca contar y la persona que me evoque, así van las cartas; no hay, de forma consciente, plan establecido más allá de intuir alguna corresponsalía que la propia lógica hace ineludible. Pero vamos al meollo: se supone que yo sé inglés. Pero no me sale de los huevos hablarlo. Hablarlo bien, se entiende. Hablarlo desde el idioma, dejarme ir en el idioma y pensar con sus estructuras y sus lógicas. Eso se consigue con el tiempo, es cierto, pero en los últimos años leo casi a diario en inglés, trabajé meses escribiendo y hablando a diario en inglés y no me resultaría difícil interiorizar el lugar por la vía de la lengua. Podría, podría pasear por el parque y al ver a las ardillas que me recuerdan a mi panterita no pensar que son Chip y Chop o ardillas sino squirrels y que jump, todo el rato jump. Pero no. Salvo en dos ocasiones contadas, ninguna agradable y que requerían ambas que toda mi persona se expresara en condiciones, el resto del tiempo me defiendo como una guiri más, competente y capaz de comunicarse, pero que traduce y por eso habla peor. Me decía una amiga que cuando está negociando en Naciones Unidas y se cabrea, putea en boliviano y después, tras respirar, vuelve al educado inglés para seguir con lo que sea que tenga entre manos. Y la vida no es desagradable aquí, en absoluto. La casa es preciosa, el trabajo avanza, voy a echar de menos las bibliotecas de Yale y hay ciertas rutinas de cuidados que van haciendo llevadera la cosa. No sé, los sábados por la mañana: desayuno amorosamente al skype, luego ducha, luego paseo al farmer’s market y luego hacia el centro, café en un sitio que me gusta, algún museo. Entrar en las tiendas que me agradan, en la estética y en el curioseo. La de manualidades que trae postales nuevas cada semana; la de antigüedades que si no me contuviera sería mi ruina. Hoy de hecho fue genial porque cambié el itinerario y me encontré con una taberna americana. No sé lo que significa pero vendían cervezas de barril hechas en Connecticut y pasé un rato genial hablando con la chica, sorry for my English, mientras en mi cabeza la frase correcta y correctamente pronunciada volaba perfecta pero no quería salir. Y mira que me gustan los idiomas y poder comunicarme, pero no. Desde que llegué no. A mí me parece importante hablar y hablar bien cuando puedes hacerlo y nunca entenderé ese paletismo que tenemos en casa de reírnos de la persona que pronuncia bien en las clases de idioma extranjero. Pero… Estoy un curso por debajo de mi nivel de inglés de forma totalmente inconsciente. No sé si tengo un ataque de europeítis aguda o que estoy tan alerta, observando todo tanto, que lo que me sale es lo mío, lo que yo hablo, escribo y leo, y necesito estas cartas y las que son en papel, y los emails y las libretas que voy llenando de notas. Como si esa posición de observadora participante me impidiera del todo adoptar las costumbres de la que sin lugar a dudas no es tribu. Quizás por eso. En fin. El viernes comprobé que podía seguir a Judith Butler buscándole las cosquillas a Michel Foucault. Idiomáticamente el viaje no está perdido, la inversión es latente. Ahora temo que al volver a casa me dé por hacer eso que en mí sería tan impostado y cursi de hablar normal y pronunciar estiradamente palabras en inglés, o no recordar la correcta en castellano, o oh my God. Sería gracioso porque a mí eso me gusta hacerlo en francés que sí es un idioma bonito. Dame atutía si me pasa con lo gringo, ¿eh?

[Previously on #paleyale]

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1 comentario

  1. Oh, my dear: Recibir carta tuya siempre es touching very much. Mira tú que yo no le see el problema a eso que te pasa. No voy a hacer cheap psicoanálisis pero pa’mí que tienes un rebote raro con lo de allá y como con todo lo demás tiene que tragar, pues te manifiestas con la cosa de la language.

    En inglés tienen una manera de preguntarte si hablas inglés que es muy sintomática. No te preguntan “do you speak english? sino “do you speak my language?” Pues has dado con la respuesta perfecta: “No, I don’t speak your language but I speak english”; y encima puedes estar jugando con dos significados de but (‘pero’ y ‘sino’). Y es que hacer que un idioma sea tuyo requiere mucho más que hablarlo con pericia y entenderlo sin perderte ni ripio. Así que tampoco este aspecto de tu viaje va a ser en balde: no dejas de ser una emigrante, de lujo y temporal, pero extraña en tierra extraña, así que en estos meses vas a entender un poco lo que es vivir en un lugar en el que la gente habla su idioma; que no es el tuyo.

    Dicho lo cual, te digo que es mejor relajarse y gozar, hablar y decir tan bien como sepas, porque decir bien es haber pensado mejor. Recuerdo que durante los meses que viví en Inglaterra, un día me descubrí nada más despertarme pensando en inglés lo que iba a desayunar; resulta que la lengua y la plasticidad del cerebro humano habían derribado todos los diques y la lengua se venía sobre mí como una ola encabritada. Ha llegado pasarme con el árabe (a pesar de lo poco que sé y de que las estancias han sido más cortas). Y todo es más fácil y amable cuando has pasado a ese lado.

    Recuerda que esa lengua es la que sirve para decir cosas hermosas, aunque las diga un indio de otra tribu. Así que sé un poco más feliz; no te resistas; allí. Aquí, como te oiga un anglicismo, vas a tener atutía para parar un tren. Estoy hasta el colodrillo de que las cosas se expliquen *sobre la base de lo que sea en vez de a partir de, gracias a, contando con o teniendo en cuenta lo que sea.

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