Can (que lo mismo es lata que posibilidad)

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realpolitik

¿A quién dirigir esta carta? Una amiga me recordaba esta mañana el diario secreto de Susi, diario secreto de Paul, de esa colección naranja, El Barco de Vapor, que ha ordenado nuestras infancias entre los años 80 y 90. Pensaba que lo mismo a Pablo Iglesias, oye, y qué viva Internet, pero no. Hablar para quien te puede entender no siempre tiene sentido. Todo esto es un poco más complejo. No participo en ningún círculo de Podemos. La razón fundamental es cartesiana: este viaje estaba en el horizonte y todo compromiso político con el espacio quedó aplazo en mi mente hasta el regreso. Quizás no es la mejor estrategia, pero en fin, con mi carácter me pareció lo más sensato: si no vas a estar al 100%, no estés hasta que puedas hacerlo. Desde ahí escribo. Desde esta distancia de turista de lujo que disfruta de una estancia de investigación en la universidad de Yale para preparar su tesis sobre ciudadanía, ciudad, palabras y espacios en el ensayo feminista español de la Modernidad. No es mal bagaje, visto el percal, tener presente de dónde venimos. Al menos, tranquiliza. Asisto desde la distancia a las resacas derivadas de la Asamblea Ciudadana. Asisto desde la fascinación por varios procesos políticos que van más allá de las siglas abanderadas en el compañero Iglesias. Ejemplos: el editorial de El País el pasado domingo (no lo enlazo por si encima los muy delincuentes me quieren cobrar), esa crítica salvaje al “populismo”. Me fascinó, me embobó, como un ejercicio de streptease del liberalismo burgués desde Rousseau hasta hoy.  Les peligra el pesebre. Protestan. Todo es legítimo y lógico, cada cual defiende su hipoteca; el problema es que habrá quien considere que lo suyo es prensa libre y ahí es donde el periodismo contemporáneo nos puede condenar a muerte. El esquema mundial trasladado a esta tierra pequeña es sencillo: conseguir un bienestar suficiente para las clases menesterosas (que no son, dios nos libre, como Amando de Miguel) que les haga no vigilar con atención las dinámicas económicas de las clases dirigentes. Cuando alguien llega y tira de la manta se convierte en antonomasia del mal, del tirano, del dictador, del mentiroso. Es un juego retórico, deberíamos de tener experiencia histórica para combatirlo, pero es difícil. Hay pequeños destellos para la esperanza. Pongo uno familiar: mi padre dejó de leer El País cuando se dio cuenta de que su discurso, comparado con la realidad material de nuestras vidas como hijas en profesiones precarias y precarizadas, no se correspondía. Cuando se sintió estafado, cuando vio la trampa en los sueldos de Cebrián al último plumilla. Por las mismas, su voto ha cambiado o se plantea el cambio en la misma lógica: esa que le dice que los gobernantes recientes llevan a un camino en el cual sus dos retoños se van a tener que buscar las castañas en el extranjero. Y en mi casa somos de terruño: la perspectiva del exilio económico es lo verdaderamente antisistema. La promesa rota: toda esa generación que se ha dejado la vida y la salud para dar todo a una descendencia que hoy se ve tildada de ni-ni. En un momento dado de la reflexión, la carta podría escribírsela a Antonio, mi padre, o al compañero Pablo Iglesias.  Si se la escribiese al primero le diría que tuviera confianza. Ya lo hizo una vez y le salió mal, es cierto. Mira Felipe González, con esa cara de fartón y esos discursos de confluencia con el Partido Popular. Pero en fin, invoco siempre, con él, con mi madre, la pedagogía del presente: dejadnos ser un poquito, que igual esto tiene arreglo. Si se la escribiese al segundo le diría: compañero, yo creo en lo que estás haciendo porque soy consciente de la performance. Soy consciente de una inteligencia realista que intenta el asalto por las palabras y no por las armas. Sé que ahí entran personalismos, filias, fobias. Que la imagen vale más que mil palabras. Me consta que no eres precisamente alguien que ignora todos estos dilemas teóricos, así que por favor, no mentes a Judith Butler en vano. Mirada limpia, aunque te sostenga una idea de victoria. Pero mirada limpia. Esa misma confianza que pido en casa a quien puede ser tu votante. No demos nada por sentado. Si se me permite barrer para casa, no demos por sentado un discurso de igualdad por la vía de la capitalización de discursos feministas con solvencia y rigor. Esa es la pega que comparto con mis amigas, compañero Pablo. Que sois un poco machotes todos y como habláis bien disimuláis. Pero echad un rato en preveniros, en repensaros. Que la épica del guerrillero es erótica y homoerótica y es en sí un constructo patriarcal. Así que si no quieres ser un macho alfa, salao, no hagas por ello. Que no vale tirar la piedra y esconder la mano. Que tú te situas, y lo sabes hasta quizás mejor que yo a la hora de explicarlo. No me sale con orden esta carta. Puede ser que se acerque la estancia a la mitad de su tiempo, que sean muchas semanas en ese espejismo de conocimiento y sapiencia que es Yale, donde pronto si estás dentro se olvida lo que pagas para acceder (benditas becas de los contribuyentes que sí pagáis impuestos y no hacéis el Blesa). Puede ser que en parte me hubiera encantado estar en Madrid este pasado fin de semana. Puede ser que se me vengan a la mente tantos nombres hoy anónimos de mujeres que se patearon España de abajo arriba pidiendo república, libertad, laicismo, derechos para las mujeres. Utopía. Yo no sé si creo en ella, soy pragmática, creo en lo posible. Lo posible ahora es hacerlo bien. Y para hacerlo bien no nos podemos dejar engañar por los intereses liberales del mercado. Pablo Iglesias y su equipo tienen un plan desde el minuto 0. Yo, que nunca he militado en un partido comunista, aplaudo su estrategia. Izquierda Anticapitalista tiene otro plan, y disimula su discurso, como si fuera el equipo visitante en la casa de la Juventus de Turín. Pero no.  Tampoco es eso. Ahí es donde la prensa liberal nos la juega: Pablo sale en la tele y es el mal, de los otros no hemos oído ni hablar y parecen más demócratas con el dicurso quincemayista. Por favor, compañeros en ese barco involucrados a vida plena en el asunto: que ni los medios ni vuestras organizaciones os limiten. Sois gente preparada, podéis ser de lo mejor. La palabra can, en inglés, lo mismo es lata de refresco o desecho que verbo, posibilidad. Y un poco en esas estamos: o podemos o a la mierda. Pensadlo. No nos jodáis también desde ahí, desde la ilusión crítica.

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