Miriam Reyes: haced lo que os digo

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Hace algo más de una semana, Miriam Reyes estuvo por Asturias presentando Haz lo que te digo, su cuarto libro de poemas, publicado por Bartleby. Estuvo por aquí y me hizo el regalo de compartir con ella y con Chus Fernández algunas palabras sobre el nuevo título. En esta casa, un libro de Miriam se celebra como fiesta de guardar. Por eso, como la procesión va siempre por dentro, dejo aquí mi texto-diálogo con su libro para decir, en realidad, que ya estáis tardando en haceros con él.

En el centro está el cuerpo (sobre Haz lo que te digo de Miriam Reyes)

En el centro está el cuerpo. La conciencia del cuerpo que es un adentro y a la vez una parte natural, física, del mundo entendido en sus relaciones físicas. El cuerpo tierra. El cuerpo sólido. Ahí sus potencias y sus limitaciones.

No podemos ser el propio cuerpo desde el afuera. Buscamos otros que lo sean, que nos sean, pero hay una imposibilidad. No poder penetrarse. No poder albergar el calor llegando de un frío ajeno. En el intento del otro por ser el propio cuerpo, la colisión de placas tectónicas y lo impredecible: “así uno es contra el otro / y a veces se rompe”.

Si “yo soy mi casa” y “soy la tierra en la que penetras y te filtras” hay una inundación permitida pero no controlada. Hay un principio cuántico de poder ser a la vez esto y un contrario. Hacer yo. Que hagas tú. Lo que no hacemos y, sin embargo, también pesa.

No poder ser el propio cuerpo desde el afuera. De ese modo y sólo por eso ser impenetrables, irreductibles.

Hay un principio cuántico también en la palabra. Elegimos la mirada, lo que pronunciamos. ¿Qué se entiende? Entre palabra y acto sucede la física y, a veces, el dolor.

Podemos decir, podemos entonces engañarnos o distorsionar la realidad. Olvidamos voluntariamente que no huele la lluvia, huele lo mojado a la intemperie. La imagen captada. La que se escoge captar frente a la que dice la física.

De algún modo pensamos medieval para no pensar tierra, pensar cuerpo, pensar leyes que son. Leyes que también son cuerpo o son de la espesura del cuerpo. Las leyes y el cuerpo entienden el azar de las leyes y el cuerpo.

La erosión, el sedimento. Queda, finalmente, el adverbio al que nos recogemos. Aquí estoy. Tras romper las leyes de las palabras comunes. Tras aceptar que el desierto es una condición de la sangre y la física no explica la atracción como invisibilidad luminosa. Pero aquí estoy. Más consciente que nunca. Así entonces más palabra, mejor palabra, en el ahora.

Asumirse cuerpo, asumirse roca. Concentrarse. Sentir tiempo, sentir espacio, sentir el agua correr y escoger la mirada sobre todo ello.

El cuerpo cuestiona la palabra y, después, nos da la palabra. Nos confirma en el adverbio al darnos también la persona del verbo, la posibilidad de ser, conjugarnos, escribir.

Haz lo que te digo impera, ordena. Hacia afuera, primero. Hacia el otro que queremos yo y queremos usurpar como cuerpo hacia nuestro propio cuerpo. Hacia adentro, después. Hacia el cuerpo tierra materia. Una orden.

La poeta se preguntó antes “¿estás escribiendo?” Hoy haz lo que te digo. Escribir. Con Clarice Lispector: “una íntima orden de batalla”.

miriamreyesNAFRÍA

Miriam Reyes en Toma3, por NAFRÍA

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