El orden de los mandatos sí altera el producto en el caso Rita Maestre

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Saco la cabeza de la fiebre y de 1933 fascinada por la virulencia del ataque a las concejalas electas de Ahora Madrid. Confieso que lo de los tweets de Zapata me interesa menos en este momento. Junto con lo de las cooperativas de madres de Carmena me parece que tiene más que ver con pagar la novatada en política que con otra cosa. Aprender a hablar en todo espacio sin que merme la potencia del discurso y sin dejar un resquicio al enemigo para que te salte a la yugular en prime time y bajo los focos.

Pero la carga contra Rita Maestre por su procesamiento al invadir la capilla de la Complu a lo Pussy Riot y teta al aire es, queridas, queridos, otra cosa. Contra lo que os pueda parecer, la Iglesia importa poco en este lance. La Iglesia importa poco, en general, en este país, muy a pesar de su poder histórico y de su potencia simbólica. Tenemos todo un acervo de imágenes sacrílegas producidas por la propia institución. Vaya, que a estos católicos de pelo en pecho no sé qué les parecerá el Libro de Buen Amor… En nuestro imaginario es factible la protesta contra la tiranía eclesial porque es parte de nuestra identidad de izquierda y porque toda la sociedad ha padecido, a lo largo de la historia, distintas formas de sometimiento relacionadas con lo religioso.

Subvertir el mandato de género en lo relativo a la religión católica y el modelo de la virgen-madre es la hostia, sí, pero no es para tanto. Subvertir el mandato de género en lo relativo a la participación política me temo que es el verdadero centro de esta cuestión. Un centro -una centralidad, ejem- que afecta por igual a compañeros de todas las tendencias. Desde luego a los conservadores, una política que pone el cuerpo en términos que no niegan el sexo sino que lo incorporan les parece encarnación de todos los males. Pero me temo que a los compañeros del metal también les cuesta acostumbrarse.

Rita Maestre no tiene la edad de Manuela Carmena, por lo que simbólicamente no puede ocupar un rol maternal en el imaginario político, ese que ha sido siempre la salvaguarda pero la trampa de las mujeres que han participado en los procesos revolucionarios. Empoderarse desde la maternidad, desde la abuelidad. Desde la desexualización, desde la Virgen Roja que es de todos pero de nadie, que anula cuerpo y deseo en su decir y hacer y entonces, así, no-mujer, vale en la arena política. De distintas formas, Ada Colau y Rita Maestre desafían el mandato de la no-feminidad en la mujer que hace política y, como excepción, es reconocida por propios y extraños.

Así que antes de volver al frenadol y a 1933 va el apunte: mucho capillita para esconder, en el fondo, el tremendo trastazo al orden simbólico que efectúa Rita Maestre al ocupar el cargo que ocupa en el Ayuntamiento de Madrid que es, a su vez, ciudad-símbolo históricamente de esta maldita madre-patria.

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